Intensificación Sostenible, en una finca de las zonas altas de Costa Rica

Introducción

La Hacienda Retes es una finca dedicada a la producción de leche y carne de res y de cordero para el mercado nacional, así como de flores para la exportación. Durante la última década ha sido abatida por la variabilidad climática, con una tendencia a la disminución de las precipitaciones que ha complicado la calendarización de las actividades agropecuarias.

El promedio histórico de precipitación anual en la zona es de 2 600 mm[1]; sin embargo, en los últimos siete años se ha registrado una media de 754 mm, lo que significa un déficit del 71 % en relación con el promedio histórico, aspecto que ha tenido un impacto significativo en los recursos hídricos de la finca.

La disminución de las precipitaciones, aunada a la presencia de suelos arenosos, ha hecho del agua un factor limitante de la producción en esta región. Por tanto, en la Hacienda Retes se implementó una serie de prácticas, dirigidas a que las actividades continuaran siendo competentes y se adaptaran a las condiciones climáticas cambiantes, pero que al mismo tiempo propiciaran la conservación de los recursos naturales. Para superar estos retos se aplicó la estrategia de la intensificación sostenible.

Localización

La Hacienda Retes se encuentra en las faldas del volcán Irazú, en el distrito de Llano Grande de Cartago, Costa Rica, y es manejada por la familia Chavarría González. Esta finca se ubica en el ecosistema tropical muy húmedo montano, a una altitud promedio de 2 860 msnm. Su fundación data de 1870 y actualmente se puede considerar un modelo en sostenibilidad agropecuaria y preservación de patrimonio familiar.

Descripción de las buenas prácticas

Para alimentar a una población mundial creciente, la producción agrícola debe ser más intensiva, ya que no resulta factible continuar con la expansión de la frontera agrícola, sino al contrario la urbanización y la degradación de los suelos vienen provocando la disminución de las áreas de cultivo.

Existen diversas tecnologías y técnicas de manejo para intensificar sosteniblemente la producción agropecuaria. Como cualquier innovación, su aplicación depende de las condiciones del sitio, la actividad desempeñada, las metas productivas, la capacidad de inversión y su retorno.

En la Hacienda Retes se aplican las medidas de intensificación sostenible propuestas por la FAO[1] para orientar a los agricultores:

  • Considerar el suelo como un organismo vivo, cuya salud depende de aprovechar las fuentes naturales de nutrientes, empleando de manera racional los minerales y nutrientes sintéticos.
  • Contar con técnicas de genética (cultivos y producción animal) que sean adecuadas para múltiples agroecosistemas y prácticas agrícolas y que impulsen la resistencia al cambio climático.
  • Utilizar tecnologías de riego más eficientes que disminuyan los desperdicios y que propicien el uso de menos agua para regar una mayor área. Es indispensable una visión integral de la gestión del recurso hídrico, para así garantizar la conservación de las áreas de recarga hídrica.
  • Implementar un manejo integrado de plagas. Los plaguicidas matan las plagas, pero también a los enemigos naturales de ellas, y su uso desmedido puede dañar a los agricultores, los consumidores y el medio ambiente. La primera línea de defensa es un agroecosistema sano y como primer recurso se debe aplicar el control biológico y cultural de plagas, siendo el control químico la última opción.

Implementación y resultados

Las siguientes son las prácticas más relevantes que le han permitido a la Hacienda Retes adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y disminuir los riesgos asociados al clima:

Cosecha de agua: establecieron diferentes puntos de captación que permiten conducir el agua mediante cañerías hasta un estanque de 200 000 litros de capacidad. Este centro de captación almacena el agua de lluvia, la que se distribuye aprovechando la gravedad para abastecer las actividades pecuarias y agrícolas. Mediante la cosecha de agua, se riegan 5 ha de flores y se les da de beber a 100 cabezas de ganado y a 300 ovejas.

Conservación de las áreas de recarga hídrica: en los linderos de riachuelos y nacientes de agua se han sembrado especies nativas, tales como aguacatillo (Persea caerulea) y roble (Quercus spp.), entre otras, para protección de los márgenes de conservación que exige la ley. Se procura sembrar 1 000 árboles forestales de especies nativas por año.

Utilización de riego de alta eficiencia: Las flores necesitan ser irrigadas, ya que las lluvias no satisfacen la demanda del cultivo para los que instalaron microaspersores y riego por goteo, lo que permite irrigar mayor superficie de cultivo con menor cantidad de agua y usando la gravedad para conducir el agua. La eficiencia de este sistema de riego es superior al 80 %, cuando el promedio registrado para América Latina varía del 20 % al 40 %[1], debido a que prevalecen otros sistemas de riego, tales como rodado, por surco y aspersión.

Uso de pasturas mejoradas: Tradicionalmente en la zona donde se ubica esta finca el pasto predominante es el kikuyo (Pennisetum clandestinum), que es muy agresivo, adaptado, pero de bajo rendimiento. Se han introducido pastos mejorados basados en distintas variedades de ryegrass (Lolium spp.). Algunas especies se utilizan para pastoreo en los potreros y otras como pasto de corte (es decir, se cultivan anualmente para ser cortadas y ensiladas). En comparación con el kikuyo, el ryegrass es un pasto más digerible y productivo, por lo que los animales producen más leche y carne por unidad de área.

Introducción de rumiantes menores: Como una estrategia para el control de malezas en las plantaciones de flores se introdujeron ovejas. El éxito fue tal que ha permitido disminuir las aplicaciones de herbicidas a cero dentro de las parcelas de flores. Debido a su adaptabilidad a diferentes terrenos, la rusticidad en la alimentación y la facilidad de manejo de las ovejas, se decidió utilizarlas en los potreros de pendientes pronunciadas. La finca inició con un grupo de nueve ovejas y actualmente cuenta con a un hato de 300. El empleo de estos animales ha permitido maximizar el uso de la tierra en la finca; por ejemplo, la carga animal para bovinos es de 3.5 vacas/ha, mientras que en ovejas es 10 veces mayor.

El árbol: un componente común en la finca. Se ha reforestado en medio de las plantaciones de flores y en los potreros. La finca se ha convertido en un sistema silvopastoril y agroforestal que ha permitido aumentar la fijación de carbono, retener humedad en el suelo, mejorar los contenidos de materia orgánica y formar un corredor biológico.

Adaptaciones en el cultivo de flores: Hacienda Retes adaptó sus parcelas aumentando la densidad de siembra de las calas y estableciendo un sistema agroforestal. Con esto se hace un mejor aprovechamiento del área, los fertilizantes y el agua y disminuye la aparición de malezas, lo que permite aumentar la productividad por unidad de área.

Ensilaje: En el trópico la temporada lluviosa y la temporada seca influencian la producción de forraje. Gracias al ensilaje, la finca acumula la abundancia de pasto que se desarrolla en la temporada lluviosa para ser utilizado en la temporada seca. La Hacienda Retes utiliza esta estrategia confeccionando silopacas.

Factores de éxito

Una mentalidad abierta al cambio y la constante mejora han marcado la dirección de la finca. El manejo se orienta a la tecnificación apropiada de los procesos, por ejemplo el uso de tractores pequeños que se mueven bien en la topografía irregular y que disminuyen la compactación del suelo. El interés de hacer bien y mejor las cosas han motivado a los propietarios de Hacienda Retes a capacitarse dentro y fuera del país. Cuando el productor tiene una mentalidad positiva la innovación y las buenas prácticas en la finca son más fluidas.

A pesar de que el agua sigue siendo limitada, las estrategias realizadas permiten que las actividades agropecuarias continúen e inclusive se mejoren los resultados. La acciones de diversificación, como la incursión en nuevos mercados con la carne de cordero, asegura ingresos significativos para la familia, que apoyan al mismo tiempo la implementación de cambios.

En la finca se realizan análisis químicos de suelos y foliares, para diseñar el plan de fertilización, permitiéndoles aplicar las cantidades de fertilizantes necesarios para cubrir las demandas de los cultivos y evitando pérdidas económicas y de producto que se traducen en gases de efecto invernadero (GEI). También, se cuantifica la materia seca y fresca de los potreros para determinar carga animal adecuada a las condiciones presentes y hay controles en las diferentes etapas o procesos productivos, asegurando así la eficiencia en la ejecución de trabajos y uso de recursos.

Lecciones aprendidas

La reducción de emisiones de GEI puede ir de la mano con la mejora en el rendimiento y la producción: el uso racionado del concentrado para alimentar las vacas reduce la fermentación entérica; el programa de fertilización basado en análisis químicos del suelo evita el uso excesivo de fertilizantes, lo que disminuye la volatilización de nitrógeno y lixiviados de nutrientes.

Un diseño bien proyectado de la conducción del agua y el sistema de riego permite aprovechar al máximo la gravedad y no utilizar energía eléctrica o combustibles para conducir y distribuir el agua. Debido a las pendientes, en esta finca se utilizó el altímetro de un GPS para guiar las tuberías. También se colocaron tanques quiebra gradientes, que son reservorios donde el agua que viene por la tubería es detenida y reposada, lo que permite estabilizar la presión en las tuberías y evitar que la presión del agua quiebre tuberías.

La Hacienda Retes ha sabido gestionar el riesgo asociado a la sequía. Durante 2014 y 2015 el efecto del fenómeno de El Niño puso a prueba la infraestructura instalada; sin embargo, a pesar de los impactos, se logró mantener la productividad.

Recomendaciones

Las condiciones medioambientales son siempre cambiantes, por lo que las limitaciones y los riesgos asociados al clima serán distintos para cada contexto. La vulnerabilidad de una finca al cambio climático depende del potencial impacto del riesgo climático y de la capacidad de respuesta del agricultor. En este caso la cosecha del agua reduce los imprevistos en las anomalías de las lluvias y garantiza el suministro de agua a las actividades.

Medir la eficiencia en los procesos, rendimientos y costos permite cuantificar económica y productivamente los efectos de una innovación y/o un cambio. Tradicionalmente, entre los agricultores hay poca cultura para llevar registros y hacer mediciones, pero conforme la agricultura se hace más competitiva y los recursos más escasos, la necesidad de cambio es inevitable.

Las prácticas aplicadas en la Hacienda Retes se implementaron para producir más con menos insumos. La tendencia es que las fincas y los predios sean más pequeños y los recursos naturales más limitados, por lo que se debe intensificar la producción mediante la investigación y el desarrollo de nuevas herramientas tecnológicas, las que les permiten a las familias agricultoras preservar su patrimonio y garantizar su producción en el futuro.

Referencias

  • Contacto: Juan Manuel Cotera Chavarría, haciendaretescr@gmail.com.
  • FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Italia). 2000. El riego en América Latina y el Caribe en cifras (en línea). Roma, Italia. Consultado 29 mar. 2016. Disponible en ftp://ftp.fao.org/agl/aglw/docs/wr20.pdf..
  • FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Italia). 2011. Ahorrar para crecer. Guía para los responsables de las políticas de intensificación sostenible de la producción agrícola en pequeña escala (en línea). Roma, Italia. Consultado 29 mar. 2016. Disponible en http://www.fao.org/ag/save-and-grow/es/. 

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